Llegamos...
Bueno... pues el Funambulista a cruzado el charco... y no se ha caído de la cuerda. Aunque después de la odisea de viaje no sería de extrañar...
Asturias - Madrid 5 horas
Madrid - Lima 12 horas
Lima - Santiago 3 horas
Noche en Santiago, ante la imposibilidad de sacar unos billetes de avión hacia La Serena 10 horas
Santiago - La Serena, ante la imposibilidad antes mencionada 7 horas
Pero es que llegar a tu destino, en pleno mes de Enero, después de unas 37 horas sin poder descansar correctamente, subir a la azotea del edificio donde vas a vivir y observar desde el jacuzzi la playa llena de gente... no es que no tenga precio, es que así no pasa el tiempo.
Tiempo que pasó lento... muy lento durante el viaje. De Asturias a Madrid, en Alsa, bien, nada boyante, pero bien. Paradita de rigor en Villalpando y a seguir hasta Madrid.
Lo agonizante viene ahora... Madrid - Lima 12 horas de vuelo, interminables, incomodas y como no, aderezadas con la típica persona tocapelotas que te hace sentir vergüenza ajena de ser humano. Y es que te subes al avión que es más o menos como un bus urbano de Oviedo pero con más asientos y... oh!! sorpresa!! Ya no tienes sitio para el equipaje de mano, así que... debajo del asiento con el consecuente retorcimiento de piernas para poder sentarte "cómodamente". Una vez sentados, uno en cada fila, se nos ocurre la majestuosa idea de cambiarnos de asiento, ya que había dos asientos juntos, uno nuestro y otro libre. Y ahí llega... el mastuerzo, el búfalo sin educación alguna, en forma de mujer, alcohólica a dar la nota. Y es que claro la señorita y su pareja no tenían asientos juntos, no tenían sitio para su equipaje (inmenso) de mano y claro... montó la de puertourraco, amenazó a la azafata con denunciarla y se puso a dar voces y a reclamar su derecho de que "el cliente siempre tiene la razón", y es cierto, siempre la tiene, menos cuando no la tiene.
Para resolver el dilema un señor calvo, con bastante mala ostia, pero con dos dedos de frente se movió al asiento anterior, yo me moví al que el le dejó libre y mi pareja se movió al que yo ocupaba. Una vez todos colocados solo quedaba que un chinito que no se enteraba de nada se moviera a otra fila y así la parejita se sentó feliz a beberse sus 6 botellas de vino durante el vuelo.
Vuelo que por cierto solo tuvo turbulencias al sobrevolar el Amazonas. Vuelo que llego a su fin después de 12 horas escuchando ingerir vino a la susodicha mastuerza. Aproximadamente media hora después de que el avión se hubiera detenido ya pisábamos territorio peruano
Y es que hay veces que te preguntas como es posible que haya gente así, sin educación alguna, con esa prepotencia pero de lo que no te das cuenta es que cuando crees que conoces todas las respuestas llega el Universo y te cambia todas las preguntas.
Una vez en territorio peruano pasamos dos horas esperando la salida del vuelo a Santiago de Chile y cuando nos disponemos a embarcar vemos otro espectáculo sin igual protagonizado por un niño con zapatos luminiscentes y una madre sin carácter. Y es que de repente, al niño, se le ocurre que no quiere volar, después de dos horas esperando, decide que no quiere volar y llanto tras llanto, berrido tras berrido, se tira al suelo, patalea, grita y deja en evidencia a su madre, la cual, impasible no hace absolutamente nada, ni la entrañable azafata que le ofrece todo su cariño es capaz de atenuar la rabia contenida en ese niño. Y se quedan los dos en tierra. La economía no está para estas tonterías, una pastillita y arreglado.
Una vez en Santiago, después de 3 cómodas horas de vuelo, aproximadamente a las 2 de la madrugada empieza la aventura de encontrar un sitio donde pasar la noche. El hotel del aeropuerto lleno, cogemos un taxi y empieza la ruta por una ciudad de 7 millones de habitantes en la que parecía que no había ni un hotel disponible. Hasta que apareció el Hotel Ciudad de Vitoria, regentado por un vasco bonachón que nos esperaba con los brazos abiertos. Del desayuno ni hablamos porque no fuimos capaces a abrir un ojo hasta las 11 de la mañana, hora en que nos dirigimos, en taxi, a la estación de autobuses. Comemos, bebemos y nos montamos en el bus destino La Serena y tras 7 horas en el bus más cómodo en el que haya viajado (asientos reclinables, cómodos, espaciosos y con 4 películas...) llegamos a La Serena, ciudad turística por excelencia de Chile, el Benidorm español. Ciudad donde el Funambulista y su pareja van a pasar, por lo menos un año, trabajando, viviendo, disfrutando, aprendiendo y sobre todo, siendo felices.
Otro día os cuento más, sobre la ciudad, el departamento y la gente que habita estos lugares, porque ahora me voy a la playa...
Asturias - Madrid 5 horas
Madrid - Lima 12 horas
Lima - Santiago 3 horas
Noche en Santiago, ante la imposibilidad de sacar unos billetes de avión hacia La Serena 10 horas
Santiago - La Serena, ante la imposibilidad antes mencionada 7 horas
Pero es que llegar a tu destino, en pleno mes de Enero, después de unas 37 horas sin poder descansar correctamente, subir a la azotea del edificio donde vas a vivir y observar desde el jacuzzi la playa llena de gente... no es que no tenga precio, es que así no pasa el tiempo.
Tiempo que pasó lento... muy lento durante el viaje. De Asturias a Madrid, en Alsa, bien, nada boyante, pero bien. Paradita de rigor en Villalpando y a seguir hasta Madrid.
Lo agonizante viene ahora... Madrid - Lima 12 horas de vuelo, interminables, incomodas y como no, aderezadas con la típica persona tocapelotas que te hace sentir vergüenza ajena de ser humano. Y es que te subes al avión que es más o menos como un bus urbano de Oviedo pero con más asientos y... oh!! sorpresa!! Ya no tienes sitio para el equipaje de mano, así que... debajo del asiento con el consecuente retorcimiento de piernas para poder sentarte "cómodamente". Una vez sentados, uno en cada fila, se nos ocurre la majestuosa idea de cambiarnos de asiento, ya que había dos asientos juntos, uno nuestro y otro libre. Y ahí llega... el mastuerzo, el búfalo sin educación alguna, en forma de mujer, alcohólica a dar la nota. Y es que claro la señorita y su pareja no tenían asientos juntos, no tenían sitio para su equipaje (inmenso) de mano y claro... montó la de puertourraco, amenazó a la azafata con denunciarla y se puso a dar voces y a reclamar su derecho de que "el cliente siempre tiene la razón", y es cierto, siempre la tiene, menos cuando no la tiene.
Para resolver el dilema un señor calvo, con bastante mala ostia, pero con dos dedos de frente se movió al asiento anterior, yo me moví al que el le dejó libre y mi pareja se movió al que yo ocupaba. Una vez todos colocados solo quedaba que un chinito que no se enteraba de nada se moviera a otra fila y así la parejita se sentó feliz a beberse sus 6 botellas de vino durante el vuelo.
Vuelo que por cierto solo tuvo turbulencias al sobrevolar el Amazonas. Vuelo que llego a su fin después de 12 horas escuchando ingerir vino a la susodicha mastuerza. Aproximadamente media hora después de que el avión se hubiera detenido ya pisábamos territorio peruano
Y es que hay veces que te preguntas como es posible que haya gente así, sin educación alguna, con esa prepotencia pero de lo que no te das cuenta es que cuando crees que conoces todas las respuestas llega el Universo y te cambia todas las preguntas.
Una vez en territorio peruano pasamos dos horas esperando la salida del vuelo a Santiago de Chile y cuando nos disponemos a embarcar vemos otro espectáculo sin igual protagonizado por un niño con zapatos luminiscentes y una madre sin carácter. Y es que de repente, al niño, se le ocurre que no quiere volar, después de dos horas esperando, decide que no quiere volar y llanto tras llanto, berrido tras berrido, se tira al suelo, patalea, grita y deja en evidencia a su madre, la cual, impasible no hace absolutamente nada, ni la entrañable azafata que le ofrece todo su cariño es capaz de atenuar la rabia contenida en ese niño. Y se quedan los dos en tierra. La economía no está para estas tonterías, una pastillita y arreglado.
Una vez en Santiago, después de 3 cómodas horas de vuelo, aproximadamente a las 2 de la madrugada empieza la aventura de encontrar un sitio donde pasar la noche. El hotel del aeropuerto lleno, cogemos un taxi y empieza la ruta por una ciudad de 7 millones de habitantes en la que parecía que no había ni un hotel disponible. Hasta que apareció el Hotel Ciudad de Vitoria, regentado por un vasco bonachón que nos esperaba con los brazos abiertos. Del desayuno ni hablamos porque no fuimos capaces a abrir un ojo hasta las 11 de la mañana, hora en que nos dirigimos, en taxi, a la estación de autobuses. Comemos, bebemos y nos montamos en el bus destino La Serena y tras 7 horas en el bus más cómodo en el que haya viajado (asientos reclinables, cómodos, espaciosos y con 4 películas...) llegamos a La Serena, ciudad turística por excelencia de Chile, el Benidorm español. Ciudad donde el Funambulista y su pareja van a pasar, por lo menos un año, trabajando, viviendo, disfrutando, aprendiendo y sobre todo, siendo felices.
Otro día os cuento más, sobre la ciudad, el departamento y la gente que habita estos lugares, porque ahora me voy a la playa...
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